viernes, 2 de septiembre de 2011

¿Alguien sabe para qué sirve la papeleta amarilla?

Ya estando tan cerca de las elecciones en Guatemala, me surge la duda de la utilidad que tendrán las papeletas amarillas. Según el Tribunal Supremo Electoral estas papeletas se utilizarán para elegir diputados al Parlamento Centroamericano. "Esta institución política está consagrada a la integración de los países de Centroamérica, tiene sus orígenes en un proyecto de los años ochenta que pretendía contribuir a resolver las guerras civiles del istmo y se mantuvo como una idea de integración centroamericana", según wikipedia. El proyecto de integración centroamericana siempre ha sido un ideal de la región, sin embargo, está lejos de hacerse realidad.
El otro día quedé con unos buenos amigos, Lester, Bayron y Marvin, y les hice la pregunta ¿Para qué sirve el Parlamento Centroamericano? respuestas como, "asilo para ex presidentes mantenidos que gozan de inmunidad para que no los metan al bote", "no sirve para nada", o "bola de mantenidos", no se hicieron esperar. Este organismo tiene un desprestigio tan grande, pero no por las cosas que hacen mal o dejan de hacer como el Congreso de Guatemala, sino porque nadie sabe a ciencia cierta que hacen, ni siquiera se puede juzgar si hacen o dejan de hacer cosas.
Hace unos meses, Panamá dispuso salir del Parlamento Centroamericano, acción que seguramente se generó de la misma pregunta de este post, porque ¿Alguien sabe para qué sirve el Parlamento Centroamericano?
Cada país del istmo aporta 20 diputados, adicionalmente ex presidentes y ex vicepresidentes, con un costo para Guatemala de aproximadamente 1.7 millones de dólares. ¿Qué beneficio tiene para Guatemala este organismo? ¿Qué acciones concretas se han hecho para la integración del istmo en pro del bienestar de los guatemaltecos? ¿Es un organismo productivo en materia política para Guatemala? ¡¿Quiénes son los diputados?!
Es una institución intrascendente para el país y para el istmo. Es una pérdida de dinero y tiempo invertir en esa institución obsoleta e inservible, donde nadie sabe que hacen, donde nadie sabe quiénes están viviendo a costa de nuestros pueblos.
Honestamente, no sé para qué se utilizará la papeleta amarilla en estas elecciones Guatemala 2011, es una inversión inútil ¡y se van a imprimir más de 7 millones de papeletas amarillas! Que desperdicio.

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sábado, 20 de agosto de 2011

Gerente General de Guatemala

Ya se acercan las elecciones en Guatemala, y pensando en las opciones de candidatos presidenciales lo primero que viene a mi mente es lo de siempre: canciones, promesas, ataques de todo tipo, respuestas insensatas, publicidad al por mayor y de muy mal gusto. Pero, nadie habla de cosas concretas, de planes que se puedan pintar en blanco y negro (sin colores de partidos), de proyectos de nación, de acciones que tengan una pizca de factibilidad.
Haciendo una analogía, en una elección de presidente se elige al gerente general que llevará esta gran empresa llamada Guatemala. ¿Quiénes son los dueños de la empresa llamada Guatemala? quizás ese grupito de personas que tienen mucho, o esos grupos de poder que operan al margen de la ley, también puede ser que sean esos mismos políticos con tanta sed de poder. Pero, bajo un contexto idealista (quizás no realista), los dueños de la empresa llamada Guatemala, que son los que escogen al gerente general, somos todos los guatemaltecos con el voto.
Ahora bien, si todos los guatemaltecos somos los que elegimos al gerente general de la empresa llamada Guatemala, ¿Por qué no exigimos resultados? En cualquier empresa, el gerente general debe dar resultados y sobretodo, poner sobre la mesa cuáles serán sus planes, sus objetivos, sus metas concretas y medibles. Adicionalmente, tiene que proponer la forma en cómo él debe ser medido en función de las consecución de esas metas concretas.
Si ahora mismo se mide al "gerente general" actual, basado en las cosas que ofreció, cosas que tienen como característica que no se pueden medir ya que no existieron en su mayor parte metas concretas, se puede decir que su gestión ha sido mala.
Pronto se decidirá al nuevo gerente general de Guatemala, de acuerdo a los planes de trabajo y ofrecimientos varios, independientemente quien quede como presidente, ¿Tenemos claro que les vamos a exigir como resultados dentro de su gestión? ¿Cómo vamos a medir esa gestión dentro de la eficiencia y eficacia? ¿Cómo sabremos que efectivamente está cumpliendo el plan de trabajo que nos ofreció? ¿Vamos a presionar lo suficiente para que cumpla? ¿Vamos a exigir resultados? El votante está en todo el derecho de hacerlo, basado en lo que ofrece cada candidato, por eso es importante saber por quién votar... al final, el presidente es un empleado dentro del Estado, y no solo el presidente, los diputados, alcaldes y todo funcionario publico... y están obligados a servir al pueblo de Guatemala y no servirse de él, a ellos no se les da un cheque en blanco... eso sí, nosotros también debemos exigirles resultados.

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domingo, 7 de agosto de 2011

Perseverancia, necedad y enquistamiento...

¿Qué tienen en común estos tres términos? así por si solos, creo que nada, pero en el contexto político de Guatemala todos quedan definidos en una secuencialidad a lo largo del tiempo. Para mí, la perseverancia es una cualidad: mantenerse constante en la consecución de un objetivo, cual objetivo? la vocación como cantante, bajar esas libras de más, darle ese regalo material que tu mamá o papá soñó, graduarte de la carrera profesional que decidiste estudiar, la ayuda a esos niños que padecen cáncer, la ayuda a esos ancianos abandonados, conseguir ese amor de aquella persona especial, darle todo lo mejor a los hijos, hacer feliz a tu gente... para mi perseverar siempre está amarrado a un buen objetivo.
Guatemala como país, ¿será un buen objetivo? yo creo que si... ahora mismo tenemos una contienda electoral, con mucha gente "perseverante" en busca de la presidencia, rostros conocidos que vuelven de nuevo a la carga. Así fue como el actual presidente logró llegar a serlo, tuvo que pasar varias elecciones para que lo lograra.
Sin embargo, la perseverancia puede volverse una necedad y ahí es donde se ve a varias personas intentando una y otra vez querer alcanzar la guayaba, nombres como Otto Pérez, Eduardo Suger, Alejandro Giammatei, Mario Estrada, Harold Caballeros, Rigoberta Menchu, y casos especiales que, aunque sea la primera vez que participan, su perseverancia se vuelve necedad, como la Licda. Sandra Torres, que esta "perseverando" por llegar a ser candidata a la presidencia, algo que en función de lo legal y lo moral, no es posible, por eso es que digo que es una necedad. Ya la Corte de Constitucionalidad dirá y la historia y el pueblo de Guatemala los juzgará por eso, aunque creo que todo está fríamente calculado y que esto, todo el entorno mediático y este proceso en las cortes también es parte del plan, ojalá y me equivoque.
Luego de perseverar tanto y ya con el objetivo cumplido de ser electo, sigue la siguiente parte, el siguiente paso, el enquistamiento. Ejemplo claro de esto, solo por poner uno, hay muchos, están los señores diputados, que no solo tienen su reputación por los suelos como representantes del pueblo, sino que buscan una y otra vez reelegirse. Y no solo eso, además, quieren dejar como herencia a su retoños esos "huesos". Para mí eso es "nepotismo moral", porque al tener ya un "hueso" tienen el "poder" para que apoyen a sus "retoñitos" para que inicien esa carrera política de enquistamiento. El poder de reelección para continuidad de proyectos es bueno, pero me pregunto yo, que hemos ganado nosotros los guatemaltecos con diputados reelectos por no sé cuantos periodos y con resultados que nadie ve... si a ellos se les pagara por productividad, ya se hubiesen muerto del hambre.
Esos pasos anteriores en la política se los da cada voto en cada elección, por eso hay que evaluar que se ha hecho, que se propone, que se ha dejado de hacer en cada uno de esos personajes llamados políticos, no ver el bien propio, sino el bien común.

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sábado, 18 de junio de 2011

Voto correcto


Hace unos días recibí un correo con un documento interesante, ya que a veces uno sabe estas cosas pero no todos los ciudadanos lo conocen. Es importante difundirlo para que en las próximas elecciones se pueda elegir por quien realmente se cree, aunque esto no siempre implica elegir BIEN, pero de eso se trata esta "fiesta cívica". Es un poco extenso, pero vale la pena leerlo... no sé quien lo haya escrito, pero igual se da el crédito correspondiente y solamente lo publico para información de quien quiera leerlo:

Voto Correcto:

Problema 1: «Yo votaré en blanco/nulo».

Para el cálculo de sufragios para la Presidencia de la República, los votos blancos/nulos no cuentan para el cómputo final (Art. 201, Ley Electoral), por lo que, matemáticamente, son un total y absoluto desperdicio: no sólo son una manifestación estéril de inconformidad (no pasan de ser anécdota), sino que no impiden que los candidatos «malos» accedan a segunda vuelta, o peor aún: que uno de ellos gane de una vez en la primera.

Ejemplo:

Sobre una base de 100 votos brutos, imaginemos que, al final del escrutinio de la primera vuelta, el resultado es éste:

Candidato A: 48 votos.
Candidato B: 22 votos.
Candidato C: 10
Candidato D: 10
Votos blancos y nulos: 10.
Total de votos: 100. 90 válidos y 10 nulos/blancos.

Muchos pensarán así: «voté en blanco e hice saber mi inconformidad; además, esos 48 de A no le alcanzan para ser Presidente. Tiene que haber segunda vuelta».

Luego, en la noche, mira los resultados en canal 25 de UHF, y se caga: el candidato A obtuvo, en efecto, 48 votos, que, sobre una base de 100, parecerían menos de los requeridos para ganar en primera vuelta (se necesita más del 50%). Pero esto no es así, pues los votos nulos/blancos no son tomados en cuenta para el cómputo de votos; por tanto, los 48 votos del candidato A no representan el 48%, sino el 53,33 %, ya que los porcentajes asignados a cada candidato se calcularán sobre la base de 90 votos (válidos) y no sobre 100 (totales). Los diez votos nulos/blancos son un total y absoluto desperdicio.

Y eso es en la primera vuelta. En la segunda es todavía más triste:

Supongamos el siguiente escenario:

Toda la buena voluntad de la gente que sí votó responsablemente no fue suficiente para evitar el yerro colectivo, y la masa inocente acabó ungiendo a A y a B para una segunda vuelta. Tocará a los buenos ciudadanos, pues, elegir entre el Sida y el Cáncer (como diría Vargas Llosa).

Imaginemos que, al final del escrutinio de la segunda vuelta, el resultado es este:

Candidato A: 4 votos.
Candidato B: 5 votos.
Nulos/Blanco: 91 votos.

Nueve de cada diez personas votaron en blanco/nulo para manifestar su inconformidad con los candidatos elegidos para disputar la segunda vuelta. ¡Nueve de cada diez! Y yo les pregunto: ¿sirvió de algo?

¿El candidato Blanco/Nulo será nuestro nuevo Presidente? No.

El candidato Blanco/Nulo habrá sido quizás el individuo más votado en la Historia de la República, pero ni aun el clamor popular puede investirlo con la Primera Magistratura de la Nación.

Con apenas el 5% de los votos totales, el candidato vencedor, señores, es B. De 100 emitidos, sus «miserables» 5 votos representan el 55,55% de los votos válidos, es decir, más de la mitad, y se ha convertido con ello en el nuevo Presidente de la República de Guatemala. Tan sencillo como eso.

Los 91 votos nulos/blancos no sirven para nada. Son, literalmente, un papel arrojado a la basura.

No es que el voto en blanco sea siempre un ejercicio inútil. En naciones educadas, el voto blanco masivo es una muestra estoica de la inconformidad ciudadana. Pero Guatemala no está para eso en este momento: la Nación está en uno de los períodos más negros de su historia, y el voto blanco/nulo sólo facilitará el cataclismo.
Problema 2: «Yo voto por el menos malo (en primera vuelta)».

Supongamos que buena parte de la Nación sabe perfectamente que es peligroso que gane el candidato B (es un supuesto), y que también hay una buena parte a la que tampoco le gusta el candidato A.

Si preferimos a C y D por sobre A y B, ¿por qué votar por A? No existe literalmente ni un solo argumento, ni lógico, ni matemático, para hacer tal cosa. No necesariamente se debe votar por A para que B no gane; y esto es así porque en la contienda hay más de dos candidatos.

A pesar de que el escenario de «simpatía» no es tan malo para C y D, la cultura ciudadana es muy pobre, y la gente tiende a ser «pragmática», según ella, y razona así: «A mí me gusta/convence el candidato C (o el D, o cualquier otro), pero si voto por él desperdiciaré el sufragio, porque la mayoría votará por A o por B. Entre A y B, el que menos me gusta es B, entonces, aunque tampoco me guste A, mejor votaré por él pues, votando por A, al menos me aseguro de que B no gane».

Este razonamiento es ERRÓNEO.

Veamos este ejemplo:

Tuvo lugar la primera vuelta el 11 de septiembre, y hubo 100 votos emitidos. El 10 de septiembre, millones de personas vieron esto, y entendieron que es inútil votar en blanco, pero siguieron aplicando la teoría del «menos malo» en primera vuelta.

La gente, fuertemente influenciada por Noti Pajas, votó así:

Candidato A: 40 votos
Candidato B: 20 votos
Candidato C: 15 votos
Candidato D: 15 votos.
Resto de candidatos: 5 votos.
Total: 100 votos.

C y D fuera de la segunda vuelta.

Pero, indagando con los vecinos, resulta que 15 de los 40 votos que tiene A eran en realidad de votantes que preferían a C y a D. Pero, entonces, ¿por qué los tiene A? La respuesta es bastante triste: 15 personas, atemorizadas, mal aconsejadas, creyeron que dando su voto a A evitarían que B ganara; cuando, en realidad, habría dado exactamente lo mismo que se lo dieran a sus candidatos originales: C y D.

¿Qué habría pasado, entonces, si toda la gente hubiese votado como habría querido, y no como pensó que sería «lo más práctico»?

El resultado habría sido muy distinto:

Candidato A: 25%.
Candidato B: 20%.
Candidato C: 23%.
Candidato D: 22%.
Resto de candidatos: 5%.
Total: 100%.

Hipotéticamente, habría sido un resultado mucho más reñido. Y podríamos haber evitado la catástrofe; pero nunca lo sabremos porque la mara votó por el menos malo (de los mayoritarios) en primera vuelta, sacando a los buenos/regulares de la contienda, y obligándonos a elegir, en segunda vuelta, entre «malo» y «pésimo».

Id y enseñad a todos esto: En la primera vuelta no se pierde ningún voto efectivamente sufragado. Las pérdidas provienen exclusivamente del abstencionismo y de los votos nulos/blancos.

Cuando se trata de evitar el arribo al poder de una persona indeseada, o peligrosa, matemáticamente da igual votar por uno u otro candidato en la primera vuelta (siempre que sea distinto al candidato no deseado). Cualquier voto, para cualquier candidato, resta posibilidades al indeseable, sin importar por quién se vote.

Cuando hay más de dos candidatos (primera vuelta), los únicos votos que aumentan o disminuyen el % del candidato no deseado son los de la gente que decide votar por el candidato no deseado, y nada más. A diferencia de la segunda vuelta, en la primera los % de todos los candidatos son independientes entre sí y no se afectan los unos a los otros.


Conclusiones:

I. En la primera vuelta, voten por el candidato de su preferencia, quienquiera que éste sea, pues todos los votos correctamente emitidos son válidos, indistintamente de a quién se lo adjudiquen. Siempre que haya más de dos candidatos, cualquier voto para cualquiera de ellos es útil para evitar que el candidato indeseable gane. Matemáticamente, ningún voto correctamente sufragado se pierde.

II. Los votos blancos/nulos (y los mal marcados —Art. 237, Ley Electoral—) no cuentan para el cómputo de votos. Los están arrojando a la basura. Y ojo con los mal marcados: por cualquier imperfección los descartan, y un voto que ustedes creían válido puede ser considerado nulo por la Junta Receptora de Votos.

III. Si toda la gente supiera cómo funcionan las matemáticas de la primera vuelta, miles de personas votarían por la persona en quien realmente creen, y no por el «menos malo», y muchos de los votos blancos/nulos de una primera vuelta tal vez serían para los candidatos buenos/regulares; provocando, quizás, que al menos uno de los candidatos «malos» no accediese a la segunda vuelta, pues uno «regular/bueno» ocuparía su lugar. Y a partir de allí otra historia sería…

IV. La «teoría del menos malo» sólo aplica en segunda vuelta (donde es necesaria), no en la primera (donde se caga en todo).

V. Del abstencionismo no hay mucho qué decir: la omisión del que no va a las urnas contribuye a que toda la masa inocente unja a personas peligrosas o incompetentes. La gente que no vota no tiene derecho de opinar, ni de quejarse durante 4 años de calamidad. Tan sencillo como eso.

Una útil comparación:

En el sistema mexicano sólo se vota una vez y basta con obtener la mayor cantidad de votos en esa única elección, sin que el % obtenido deba exceder una cifra específica. En el país de Cuauhtemoc, las matemáticas de la Elección Presidencial son las de nuestra segunda vuelta, pero con todos los candidatos. Puta, ¿cómo así?

Imaginen este escenario:

Presidencia de México: julio de 2012. Hubo 100 votos totales. Y como los mexicanos sí conocen su sistema, ninguno votó en blanco. Los resultados fueron estos:

Candidato A: 35 votos.
Candidato B: 25 votos.
Candidato C: 15 votos.
Candidato E: 15 votos.
Resto de candidatos: 10 votos.
Total: 100 votos. Todos válidos.

A y B obtuvieron la mayor cantidad de votos en la elección. ¿Segunda vuelta entre A y B? No. En México no hay segunda vuelta. Con apenas 35 votos, el candidato A se convierte en el próximo Presidente de los Estados Unidos Mexicanos. Ahí sí aplica la teoría del menos malo, porque es a elección única, en una sola ronda. No hay margen para el error colectivo.

Para la elección de la Presidencia de la República, el sistema guatemalteco es mejor que el mexicano. Pero, entonces, ¿cuál es el problema en Guatemala? Dura es la respuesta, pero verídica: la gente vota con los pies.

La enorme masa votante se deja influenciar por lo que dice la muchedumbre; mientras los estratos «educados» votan con más temor que convencimiento. En suma, todos se dejan apantallar por algunos medios de comunicación, o por la descomunal maquinaria propagandística de los que pueden pagar más... Peor aún: ni siquiera los instruidos conocen la Constitución, ni la Ley Electoral, ni las reglas más elementales de la estadística electoral... y así, un largo etcétera.

«No queremos cagarla una vez más. ¿Qué es lo que debemos hacer? »

Los dictados del sano criterio establecen:

Primera vuelta: Voten por quien verdaderamente los convenza, y voten bien. No voten en blanco/nulo. Y tampoco voten por el menos malo de los aparentemente «mayoritarios» (a menos que sí quieran votar por ellos; libre albedrío, y todo el mundo tiene el derecho de cometer sus propios cagadales.).

Segunda vuelta: Si ni aún votando correctamente en primera vuelta pudimos evitar que Cáncer y Sida pasaran a la segunda, pues voten por Cáncer: la quimioterapia existe. Depende de nosotros aplicarla, o al menos no dejar en paz al maldito cáncer para que no se expanda por todo el cuerpo del Estado durante los próximos cuatro años. Y, por favor, tampoco voten blanco/nulo en la segunda vuelta; pues no sea que en el juego de las proporciones acabemos beneficiando a Sida, y nos habremos cagado en todo: apaguemos la luz y larguémonos. Todo se habrá ido a la mierda.

¿Ningún candidato les agrada? Qué bueno. Son ciudadanos exigentes. Pero, yo les pregunto, ¿permitirán que una horda de inocentes/manipulados elija por ustedes?

Estamos lejos de encontrar un manantial de sabiduría política entre los que buscan cargos públicos, cierto. Y más específicamente, en la probable segunda vuelta: ¿qué es peor, el barro o el estiércol? Vayan y escojan, por lo menos, el barro. Esperemos que se seque pronto y que podamos sacudírnoslo en cuatro años, que ojalá transcurran pronto.

Pero si ni siquiera hacen eso, y permiten que el estiércol nos invada por todas partes, secuestrando nuestras instituciones y conduciéndonos directamente al colapso, no tienen derecho a quejarse si todo se va al demonio y la Nación enfila directo al abismo. Luego no lloren como niños en los foros y tertulias lo que no pudieron defender como hombres en las urnas.

Piénsenlo.

Que viva la República de Guatemala.

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